UN VIAJE DE DOS DÍAS
Alberto Roycor - 25-08-2005 13:17:48 | Categoria: General

Acabo de regresar, hace una hora, de un viaje de trabajo a Sofía. A la ida, se me unió en el aeropuerto de Madrid una compañera que ya había participado en otros viajes, el último de ellos un año atrás, acompañada de su recién estrenado marido. Esta vez viajaba sola. Aprovechamos el vuelo para terminar de poner en común las notas y la forma en que íbamos a desarrollar las presentaciones, ultimar las estrategias de las reuniones y ponernos de acuerdo en los papeles que cada uno íbamos a representar. Evitamos en todo momento hablar de cuestiones personales y nos centramos en temas profesionales, sin dejar por ello de degustar un magnífico “Millésimé” y sentirnos muy cómodos el uno con el otro.
El trabajo discurrió a la perfección y el segundo día, ayer viernes, con los triunfos en la mano, le pregunté que le apetecía hacer, si ir a una cena programada pero no demasiado “obligatoria”, ya que algunos peces gordos se habían desmarcado, u organizarnos por nuestra cuenta. "Pues mira, me acaba de telefonear una amiga que pasó un verano conmigo en España, Vera, y tengo muchas ganas de verla, pero lo ideal es que hiciéramos un plan los tres” me dijo. "Por mi, encantado” - le respondí.
Cuando vi a Vera me quedé sin aliento. Era una chica espectacular, de portada, lo sabía y se había vestido especialmente para provocar. No obstante, una vez recuperado de la impresión decidí “pasar” del tema. Ya he tenido las suficientes experiencias de este tipo para saber que de estos asuntos siempre sales escaldado. Generalmente estas mujeres perfectas suelen pecar de amarse demasiado a ellas mismas y poco a los demás. Para eliminar posibilidades evité el más mínimo comentario o elogio hacia su persona y me centré en mi compañera, a quien empecé a mirar de forma amorosa cuando ella no se daba cuenta. Vera estaba desconcertada, nerviosa y empezó a perder un poco de su mucha confianza en sí misma. Entonces ocurrió algo curioso. Ese amor que yo intentaba poner en mi mirada hacia la española, lo empecé a sentir de verdad. No sé si era el vino, la música o el hechizo del restaurante, pero empezó a apoderarse de mí una gran pasión por mi compañera. Veía cosas nuevas en ella, sus jugosos labios, su sedoso pelo, sus pequeños y firmes senos, su ternura. Ella estaba a mi izquierda y Vera enfrente, por lo que nada pasaba desapercibido para esta última. Hasta que no pudo más y le dijo: “Veo que te has recuperado rápidamente de tu reciente separación”. La otra no entendía nada. Pero cuando supo a que se refería lo tomó a risa y le contestó: “Te confundes. Alberto y yo nos llevamos muy bien, pero profesionalmente, y ninguno de los dos nos vamos a arriesgar a destruir eso” Vera entonces me miró desafiante como diciendo “Ahora te vas a enterar”. A los postres, la búlgara dijo a mi compañera: “¿Te importa que pase la noche contigo? ¡Me hace tanta ilusión!”
Ya en el Hotel les pregunté si querían una copa en el bar. Vera rápidamente dijo. “Mira, aquí hay mucha chica búlgara que viene a buscar extranjeros con dinero. No quiero entrar ahí. ¿Tenéis minibar?” Fuimos a mi habitación. A eso de las dos, Vera dijo a su amiga “Olvidaba que roncas. Te propongo que te quedes en esta habitación y yo me vaya a la tuya, o… al revés”. Se hizo un silencio sepulcral. Durante unos segundos mi compañera y yo nos miramos de forma tan intensa que nos hacía daño. Una perla de sudor comenzó a dibujarse en su labio superior. Palideció. “Creo que no se siente bien” dije. Me senté junto a ella y le limpié la gotita con el dedo, rozando imperceptiblemente sus labios. Le tomé el pulso. Más de ciento veinte. Mientras mi pulgar percibía sus latidos y yo miraba el reloj, creo que durante unos dos minutos, acaricié levemente el dorso de su mano, cuyos vellos se erizaron. Las pulsaciones comenzaron a subir más y de repente Vera – que nos miraba muy atentamente - se levantó y cogió la llave. “Chao, chicos, sed buenos”. Pero mi compañera reaccionó rápidamente y arrebatándole la tarjeta le dijo con aire enfadado: “Vera, haz lo que quieras pero yo necesito estar sola esta noche”. Y se marchó.
“¿Quieres que me vaya yo también?” me preguntó al cerrarse la puerta. “Mira, tendría que acompañarte a tu casa. Mejor que te quedes”. – respondí. Me acercó su cara hasta hacerme sentir su cálido aliento. “Vale, pero no voy a ser tu premio de consolación”. Estaba tan próxima que no me costó trabajo sujetarla por la nuca y besarla violentamente. Abrió la boca y segundos después clavó sus dientes en mi lengua. Con rabia. Casi diría con odio. Percibí el sabor de la sangre. Pero estaba demasiado excitado como para notar dolor. Se fue relajando y sin separar su boca de la mía me fue quitando la ropa.
Durante más de cuatro horas estuvo dejando constancia de que no se había marchado. Quería que su amiga la oyera, y quería que no tuviera dudas sobre lo que estaba pasando. Toda la cama quedo manchada de sangre. Como su cuerpo entero. Al amanecer, se fue a duchar. Después fui yo. Pero cuando salí del cuarto de baño había desaparecido. Sólo había una nota encima de la mesita de noche. “Ha sido sensacional. Pero no has hecho el amor conmigo. Todo el tiempo has estado con…..“ (y mencionaba el nombre de su amiga). “Por cierto, no ronca. Despídeme de ella”
Salimos hacia el aeropuerto casi sin hablar. Facturamos. Me dijo que le dolía mucho la cabeza. No había dormido nada. Al rato de despegar el avión, me preguntó: “Sólo por curiosidad, ¿Cómo pudo durar tanto?” Entonces me acordé del papel. Se lo entregué. “Vera es muy inteligente” - le dije – “no se le escapa nada”.
Mi compañera arrugó la nota, tras leerla, y cerró los ojos. Giró la cabeza hacia la ventanilla, pero pude observar como una lágrima rodaba por su mejilla. Media hora después estaba profundamente dormida. Durante todo el trayecto la estuve mirando. Puedo decir que es la mujer que más intensamente he deseado en mi vida.
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Hola.
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Muchas Gracias por tu tiempo... y disculpa si no fue la mejor manera de darme a conocer.
Un saludo.
DAVID T.
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Comentario de david hace 7 meses y 18 dias